Estos preservantes de alimentos actúan por inhibición de procesos enzimáticos (fermentación, putrefacción, etc). Esto, que resulta benéfico para el alimento que debe conservarse en una góndola, una vez ingerido, continúa produciendo inhibición enzimática en nuestro organismo. Esto afecta a la flora intestinal y al hígado, cuyas funciones dependen de las reacciones enzimáticas que los mismos conservantes bloquean. La prueba de la acción prolongada en el tiempo de estos conservantes, está dada por los problemas detectados en Estados Unidos con la preservación de los cadáveres humanos. Al exhumar féretros de cierto tiempo, los cuerpos se encuentran intactos y deben ser cremados, a causa de la inhibición que generan los conservantes alimentarios sobre los microorganismos encargados de su natural descomposición. Los conservantes utilizados alimentos y bebidas, pueden ocasionar exacerbaciones de asma, dermatitis, alteraciones sanguíneas (metahemoglobinuria) e incluso, ser uno de los factores desencadenantes de problemas vasculares y angioedema.
Al inicio, se advirtió que la ingesta de GMS generaba el conocido “síndrome del restaurante chino”. Al convertirse el GMS en el engranaje adictivo que impulsaba el crecimiento de la gran industria alimentaria; ingeniosamente se acuñó el término nicotina alimentaria.
Fragmento adaptado del libro:Nutrición Depurativa

